** LA SILLA VACIA, LA CARCEL LLENA **

13 12 2010

La silla vacía, la cárcel llena
Publicado desde China por Joaquín Campos| 10 Diciembre, 2010

Se acaba de entregar el Nobel de la Paz en Oslo a Liu Xiaobo, un preso político chino –hay miles- que por pedir algo de democracia, libertad y recuerdo para las víctimas de la Plaza de Tiananmén fue encarcelado por “subversión al gobierno” con una condena de once años. Después de la humillación pública y mundial que hoy ha recibido el gigante asiático con la concesión del premio a su preso más famoso no sería descartable un aumento de su pena o sobre todo que a esta misma hora el pobre Liu esté recibiendo una buena paliza a la vez de un centenar de descargas eléctricas en los testículos por parte de esos ultranacionalistas que piensan exactamente igual que su presidente. Así se las gastan por estos lares.

Me he molestado en encender mi triste televisor buscando los canales extranjeros: la BBC inglesa como cualquier canal de habla anglosajona han sido cancelados; en su lugar, una imagen plena y negra que demuestra la sordidez de este antiguo y penoso régimen autoritario ex comunista y hoy vergonzantemente ultra capitalista. En los canales chinos: circo, series de niñatos y niñatas gastones y enamorados, un lamentable programa en donde unos militares gritaban y el público aplaudía, y un informativo en donde la noticia principal era la inauguración de la línea de alta velocidad entre Shanghái y Hangzhou. Pan y circo.

Hoy China sigue como si nada, sin enterarse de quién es ese hombre, qué es eso de los Premios Nobel, de dónde está Noruega y dónde reside su presidente, Hu Jintao. Por el contrario sus gobernantes braman buscando culpables siempre en Occidente o en los miles de disidentes que hoy, más que nunca, han estado retenidos en sus casas o vigilados las veinticuatro horas del día. La mujer de Liu, en su hogar convertido en prisión, no podía siquiera seguir por internet la ceremonia: sin teléfono fijo, sin móvil y sin conexión a internet desde hace más de un mes. Cuánta dignidad hay en China.

Noruega hoy ha demostrado que la decencia que atesora con sólo cinco millones de habitantes es mucho más grande que la indecencia que muestra un día sí y el otro también el país mandarín, que con mil cuatrocientos millones de tipos tratados a puntapiés quiere decidir quién es el bueno y quién el malo. Y es una pena, gigante, el comprobar cómo el mundo sigue suavizando cada queja hacia esta maleante manera de aceptar las críticas a su asesino e injusto sistema.

Para entender el chiste de este país habría que estar aquí para verlo, para sentirlo. Si abres ‘google’ y escribes ‘Liu Xiaobo’ el sistema informático directamente se cae. Mágico. El imperialismo más sangrante, denigrante y autoritario de la historia de la Humanidad. Con las colaboraciones de los estados occidentales que ceden a las presiones de este despotismo, ya que hoy no son pocos los europeos que a estas horas estarán de cena, de borrachera, esnifando, en una Shanghái que deportaría a quien osara solamente comentar el temita de marras. Unos expatriados que gastan las dietas, en muchos casos, de los gobiernos exageradamente democráticos, con la excusa de hacer negocios, de estrechar lazos. Lo penoso de la sociedad occidental es comprender que estos mismos muchachos pálidos y paralizados cuando residen en Europa se manifiestan a la mínima, se asocian con cualquiera y armados de extintores y piedras poco pesadas atentan contra el mobiliario público, generalmente levantado con los impuestos y sudores de sus padres.

La silla donde debía estar Liu Xiaobo en Oslo estaba vacía; aunque la cárcel donde tristemente reside debe estar abarrotada de gentes como él, que sólo desean lo mejor a su país, nada del otro mundo. Los maleantes, los terroristas, los ladrones, los violadores y los asesinos con los que simplemente piensan diferente a su gobierno aunque curiosamente ambos quieren lo mejor para sus conciudadanos.

Mientras escribo esta pesada crónica compruebo que no puedo acceder a mi blog ni a mi administrador. Pienso en la cárcel, en la deportación o en mi escapatoria. Pero creo que es el vino que bebo el que me hace elucubrar este tipo de tramas casi fílmicas. Debe saberse que la lengua española en China es lo más parecido a la mierda seca, a causa de las negligencias estatales a la hora de enfrentarse al mercado internacional de alumnos ávidos de idiomas. Por ello asumo que difícilmente los 40.000 censores de la patria de habrán siquiera molestado en saber qué escribe un calvo con gafas que se está dejando el pelo largo. O eso espero.


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