** DENTRO DE NO MUCHO TIEMPO EN VEZ DE IR A COMPRAR “AL TODO A 100 DE LOS CHINOS” QUIZAS ELLOS DIGAN QUE VAN A COMPRAR “AL TODO A 100 DE LOS EUROPEOS”….

6 12 2010

AVISO A NAVEGANTES

Publicado por Joaquín Campos| 2 Diciembre, 2010

La globalización marcada en la agenda occidental no esperaba, seguramente, dos cambios tan importantes en la partida que hasta ahora se jugaba como si nada. El primer cambio: la ascensión de China como una de las economías más potentes del planeta que por su rapidez y dinamismo ha pillado ya un buen cacho de la tarta que antes nos repartíamos casi sin empujones; la crisis ha llegado ya a buena parte de Europa como a los Estados Unidos y Japón les cuesta más que antes satisfacer a sus consumistas poblaciones. El segundo cambio, mucho más obviado –o desconocido- es la implantación de los métodos laborales y sociales chinos, con los que esperan no sólo dominar a los suyos –esto era ya pan comido- sino al resto del mundo.

Una de las mayores satisfacciones del hombre occidental ha sido la capacidad y la estrategia conseguida tras muchas décadas de luchas para enfrentarse a gobiernos, empresarios y demás estamentos mandatarios. La justicia, los sindicatos, las asociaciones vecinales y la prensa agarradas a esa palabra llamada “libertad” consiguieron, por primera vez en la historia, que los trabajadores pudieran mirar de tú a tú a sus jefes, que las personas pudieran denunciar exitosamente por casos de abuso a las fuerzas del orden y que los periodistas pudieran hacerse eco de estas acciones sin miedo a ser exterminados. A su vez, la clase media crecía, las casas eran cada vez más habitables y la educación como los tratamientos médicos eran gratuitos o asumibles. Incluso buena parte de esas gentes viajaban gracias a un pasaporte que por sus nacionalidades evitaban solicitudes, papeleo y demás trabas.

Hace dos días, en la edición del ‘New York Times’, Barry Bearak firmaba una noticia desde Nkandabbwe (Zambia) titulada “Los métodos chinos levantan la ira de los mineros de Zambia”. China invierte para sí misma en el solar africano con la idea clara de sacar toda la energía posible para mantener a su ascendente –numérica y económicamente- población. Son numerosas las extracciones de carbón y otros minerales en una treintena de países del África negra. Y Zambia es uno de ellos, en donde el gigante asiático encuentra exactamente lo que necesita para que la maquina funciones: un gobierno corrupto y un país hambriento, exactamente los mismos ingredientes que llevaron a China a crecer como lo han hecho de hace dos décadas hasta nuestros días.

El pasado fin de semana dos jefes de obra –chinos, por supuesto- dispararon contra una multitud de trabajadores que delante de las oficinas reclamaban un trato más digno. Gritos y patadas contra una puerta que sólo se abrió cuando los dos supervisores estuvieron seguros de tener bien cargadas dos escopetas. De aquel enfrentamiento –se cuentan por cientos en cada país africano si hay inversiones chinas de por medio- salieron heridos de bala trece empleados zambianos y detenidos dos de los supervisores chinos, Xiao Lishan y Wu Jiuhua, los que dispararon contra los trabajadores.

Las quejas de los zambianos parten del concepto de trabajo que tienen los chinos. Para empezar, no existe el día libre; continuando con jornadas laborales de doce horas ininterrumpidas; y terminado con la flagrante inseguridad con que entran a las minas: llegan a hacer mil pies de profundidad sin mascarilla alguna. Y lo peor llega tras las explosiones para poder extraer más carbón en donde respiran cantidades insalubres de aire contaminado lleno de polvo. El sueldo, cuatro dólares diarios. Y si alguno se siente indispuesto los jefes chinos lo echaran quedándose en la más absoluta de las miserias. Para apoyar todo esto el Embajador chino en Zambia Li Qiangmin mueve las cuerdas a su antojo, sobre va y sobre viene, facilitando que los gobernantes y la policía de Zambia miren para otro lado cuando se producen este tipo de aberraciones contra los suyos.

Trece heridos que no son más que la punta del iceberg de lo que China quiere para ellos mismos y el resto del mundo: el dominio y control absoluto de unos seres humanos instruidos como borregos que caigan enfermos o fallezcan no serán un problema siempre que los medios, la policía, la jurisprudencia y los estados estén bien atados. Así ha salido adelante China, con un crecimiento bestial a costa de cientos de miles de fallecidos en accidentes laborales, de encarcelados sin juicio y con expropiados sin derecho a nada.

Europa, hoy en una decadencia controlada, debería plantearse qué pasará cuando el 25% de la población mundial (China) controle al resto del mundo gracias a que amasan dinero por encima de la ley. Y cuando esto ocurra a lo mejor el ciudadano europeo, arruinado y enfrentado, tendrá que ganarse el pan por cuatro dólares diarios dirigidos por jefes mandarines que escopeta en ristre vigilarán para que nadie haga decrecer su ritmo de trabajo. Para ese día, supongo, los gobiernos europeos estarán vendidos a China, y con ellos sus policías y jueces, haciendo imparable el cambio de rumbo de un planeta que un día tuvo derechos sociales.

En China no existen dos palabras que dan sentido a todo esto: “prójimo” y “solidaridad”. Dentro de no muchos años también podría ser que desaparecieran de nuestro vocabulario. Hasta entonces, hagamos algo.

L


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