EL TITERE DE HU O LOS “BUDAS OFICIALES” DE CHINA

11 06 2010

laopiniondemalaga.es

El títere de Hu
Publicado por Joaquín Campos| 10 Junio, 2010
Tras la toma militar del Tíbet a finales de los cincuenta y la ‘marcha verde’ imparable, en este caso roja, de cientos de miles de chinos de raza han la situación en la región supuestamente autónoma tibetana es la de una provincia dividida con dos bandos: los tibetanos auténticos -que siguen venerando al Dalai Lama, exiliado en la India-, y los chinos mandarines, que con la excusa del crecimiento económico campan a sus anchas por Lhasa, ciudad hoy con evidentes signos de pérdida de identidad. Algún que otro conato entre ambas facciones, algunos muertos después, hoy una Tíbet dividida y racista coarta a los extranjeros que desean visitarla. Aunque ahora un tren llegue hasta su capital los permisos se dan a cuenta gotas y bajo investigación. Las comunicaciones, regular, ya que cada vez que asoma la duda internet es podado. Y los trabajos, los sueldos, las jerarquías y las posibilidades única y exclusivamente para los han.

La prensa china editada en inglés sigue con su idea de violar las mentes de los occidentales que residimos por aquí. Como si de un serial radiofónico se tratara cada día aparece en las portadas el supuesto nuevo Panchen Lama, el hijo de un miembro del Partido Comunista elegido a dedo por los de siempre para que gire en la formación de las nuevas generaciones tibetanas, que aún siguen al pie de la letra las ordenes y cánticos que les llegan desde Dharamsala, lugar donde el real y único Dalai pasa, entre viaje y condecoración, sus últimos días de vida.

Las gentes del Partido saben que en Occidente el Dalai cae bien. Por ello se han propuesto hacer la guerra desde dentro eligiendo a un títere al que han vestido de monje para que dirija el cotarro al antojo de Pekín. Y mientras nos cuentan que asiste a colegios, hospitales y que colabora con el pueblo, el pueblo intervenido. Bonita propaganda.

A mí nunca me han gustado las sociedades extremamente feudales en pleno siglo XXI. Y hay que reconocer que el Dalai la ejercía a su gusto hasta hace unas décadas. La invasión china ha valido para dos cosas: una, para que el Dalai se dedique a ser más bueno y honrado, visitando países fríos en chanclas y promulgando la paz. Tanto ha sido así que hasta le dieron el manido Nobel de la Paz, un premio que sin duda alguna merecen muchos amigos míos antes que él. La otra cosa que ha traído el dominio chino en Tíbet ha sido el comprobar que por muy trabajadores que sean los chinos han sido incapaces de unir a su pueblo con el tibetano; un enorme fracaso equiparable al del resto del mundo. Alguien debería saber que es imposible caer bien cuando se pisotea, se coarta, se asesina y se impone. Y China hace esto desde hace décadas en Tíbet, mal que les pese a algunos, defensores de esta tiranía camuflada entre rascacielos.

En el año 95 el actual Dalai dijo quien iba a ser su sucesor, un niño de siete años de familia humilde. Al instante el monasterio donde habitaba fue tomado por la policía china y hasta hoy, quince años después, nadie sabe dónde está aquel elegido. Podría estar cavando túneles por un dólar al día o simplemente podría haber servido de desayuno para los buitres leonados. China organizó el único secuestro político de la historia moderna de la humanidad a un niño. Años después les fueron concedidos los Juegos Olímpicos de Pekín, evento asumido como emblema de paz y concordia entre todos los pueblos. Como podemos comprobar ni los premios Nobel se conceden con acierto ni las organizaciones de los Juegos Olímpicos. Occidente balbucea, China a su ritmo.

Mientras, el títere de Hu se pasea por las portadas de los periódicos, las teles y demás propagandas existentes intentando cambiar la imagen óptica que los extranjeros tenemos de quién es en realidad el Dalai Lama. Y a mí, éste impuesto desde Pekín, hijo de miembro del Partido Comunista, con túnica hecha a medida, cara de mala leche y posibilidad real de que lleve una metralleta bajo sus ropas no me merece ni el más mínimo respeto. Que China, aconfesional convencida, vacilante y chulesca sobre este tema, sea ahora más papista que el Papa me da que pensar.

Sin duda alguna, el nuevo Dalai no es ni el exiliado, ni su legal sucesor secuestrado y posiblemente asesinado, ni esta bazofia mal copiada; el auténtico nuevo Panchen Lama es Hu Jintao, el presidente de este país. Que se ponga ya la túnica y termine de aniquilar. Cada uno a lo suyo. Menos caretas y menos túnicas.


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