* HUIDA A TRAVES DEL HIMALAYA (1ª parte)

10 05 2010

Huída a través del Himalaya.
Mari Cruz García
(Publicado en TRAVELLERS BOOK (Revista de Viajes)http://www.travellersbook.net/

El viaje hacia la libertad de los refugiados tibetanos.
En el verano de 2002, cuando trabajaba como investigador voluntario para el Gobierno Tibetano en Dharamsala (India), recibimos la noticia de que un nuevo grupo de refugiados había logrado cruzar la frontera. Como parte de mi trabajo consistía en investigar las recientes violaciones de derechos humanos en Tibet, tomé el avión a Katmandú para entrevistar a los nuevos refugiados.

La vía de huída más utilizada por los refugiados tibetanos suele ser la región de Solu Khumbu, en la frontera con Nepal y donde se encuentra el Monte Everest, con una altura media de 5.000. Los que sobreviven al viaje son socorridos en el Tibetan Transition Reception Center de Katmandú, en el primero de los centros de tránsito, de donde luego pasarán a Delhi y posteriormente Dharamsala.

Este es relato de un valiente grupo de hombres y mujeres que lograron atravesar la Cordillera del Himalaya en busca de una vida en libertad. Ellos me confiaron su historia para que yo lo propague y su sacrifico no caiga en el olvido.

El Tibetan Transition Reception Center de Katmandú se halla situado en una zona residencial, cerca del famoso barrio de Swayambu Nah, al noreste de la capital. Se trata de un edificio de hormigón y cemento cuya construcción comenzó en 1998, con fondos de la Unión Europea. A su lado, una casa de planta baja ejerce de dispensario, levantada con fondos del UNHCR y de la American Himalayan Foundation. El edificio principal consta de tres plantas, la última de ellas aún sin terminar por aquellas fechas (ahora está terminada y se usa como oficinas). El segundo piso lo ocupan los dormitorios y un aula escolar donde los nuevos refugiados aprenden sus primeros balbuceos en inglés. En el edificio trabajan unas 18 personas, incluido el personal de enfermería.

En el segundo piso, la suciedad reina por todas partes. No hay agua en las letrinas. Niños tibetanos corren descalzos por los pasillos ajenos al drama que rodea su destino, embarrándose en los charcos que destila la humedad del techo. Estos niños son entregados por sus progenitores a los guías de las expediciones para que puedan acceder a una educación gratuita en India. Muchos de ellos jamás volverán a ver a sus padres. Algunos no sobreviven al viaje.

El centro consta de tres dormitorios masculinos y dos femeninos. Dadas las duras condiciones del viaje, el porcentaje de varones que se aventura a realizarlo casi triplica el de mujeres. Colchones y catres claman a gritos una renovación. La capacidad de cada dormitorio es de 30 personas, si bien la distribución del espacio resulta muy sui géneris en función de las necesidades del momento y del número de refugiados. Durante los meses de invierno, la afluencia de nuevos refugiados se dispara, ya que con el frío es más fácil despistar a las patrullas chinas. En el centro pueden llegar a juntarse entonces hasta 800 personas. Durante el verano y la época del monzón, el número de nuevos fugitivos oscila entre 40 y 220.

Tradicionalmente las autoridades nepalíes han mantenido una política de acogida hacia los refugiados tibetanos. Sin embargo, con la subida al poder del nuevo rey Gyanendra, en Julio de 2001, y el surgimiento de la guerrilla naxalita, de ideología maoísta, la tradicional amistad tibetano-nepalí parece haberse deteriorado. Es evidente que Nepal, una de las naciones más pobres del planeta, necesita cada vez más de la cooperación económica del coloso chino, así como de su apoyo militar para combatir el terrorismo maoísta. Durante el verano de 2002, la política oficial del Gobierno Nepalí con respecto a los refugiados tibetanos se limitaba a un simple laissez-faire, esto es, no intervenir ni a favor ni en contra del incesante “goteo” de tibetanos, siempre que éste se lleve a cabo con la suficiente discreción como para no llamar la atención de las autoridades chinas. Esta política goza del beneplácito del Alto Comisariado de la las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR), organismo con sede en Katmandú y que se encarga de sufragar el viaje de cada nuevo refugiado a India. Este viaje suele costar unos 64 dólares por refugiado.

Huída a través del techo del mundo

El grupo de nuevos refugiados está compuesto de 18 personas procedentes de Amdo y Kham, dos de las tres grandes regiones en que Tibet se pide geográficamente. Sólo una mujer de diecinueve años viaja en este grupo, y dos niños con edades entre los 10 y los 12 años. Todos los demás miembros del grupo son varones con edades comprendidas entre los 17 y los 25 años.

Tenzing Yankey trabaja como enfermera en el pequeño dispensario del centro. Ella se ocupa de atender a cada nuevo grupo de refugiados. Lo normal es que, cuando la policía nepalí descubre a uno de estos grupos en la frontera, avise a los trabajadores de UNHCR, y éstos se encargan de trasladarlos hasta Swayambu Nah.

“Este nuevo grupo no ha presentado ninguna complicación adicional a las propias de un largo viaje a través de las montañas, con una dieta inadecuada y escasa agua” me comenta Tenzing Yankey “Todos han llegado extenuados, con síntomas de anemia, deshidratación, baja presión en la sangre, picaduras de mosquitos infectadas y diarreas. Los casos más graves se producen durante los meses de inviernos, entonces nos han llegado personas con extremidades congeladas, neumonías… Durante el invierno algunos niños pequeños mueren en el viaje.”

Cada nuevo refugiado se somete a un chequeo médico y si presenta síntomas de una enfermedad grave es enviado al Hospital Patan de Katmandú. Todo el tratamiento médico corre a cuenta de UNHCFR. Tenzing Yankey me muestra un álbum con fotografías espeluznantes de extremidades humanas congeladas. En la mayor parte de los casos el paciente tuvo que sufrir la amputación del miembro congelado. Estos casos fueron especialmente frecuentes entre 1994 y 1997. Curiosamente, desde el año 2000 no se ha producido ningún nuevo caso.

“Cuando estos grupos cruzan la frontera en la región de Solu Khumbu,” me explica Tenzing “ lo normal es que se les lleve al Centro de Urgencias, cerca del Base Camp (nombre que recibe el enclave desde donde parten todas las expediciones al Everest). Si alguien sufre congelación en alguno de sus miembros, se le traslada inmediatamente en avión hasta Katmandú. En un 99% de los casos es necesario amputar el miembro congelado. Las amputaciones se realizan en hospitales de la capital. En estas operaciones resulta impagable la ayuda que recibimos de los médicos occidentales que trabajan como cooperantes”.

Tenzing Yankey también recuerda haber atendido casos de mujeres tibetanas violadas por policías nepalíes, si bien no es lo habitual. En el año 2001 se produjo un suceso especialmente cruento cuando una patrulla nepalí abrió fuego contra un grupo de 24 tibetanos, con un balance de un muerto y cinco heridos.


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